Diálogo de una década con José Lezama Lima
Por Félix Guerra
4
BEBO PEQUEÑAS CANTIDADES DE RIO
¿Qué imagen le acude cuando piensa en el río?
Cuando pienso en los ríos o en un río, en esa gran tortuosa vena otilina, como hubiese dicho (César) Vallejo, siempre me acude la imagen de un mismo inexplorado placer: cómo me gustaría remangar el pantalón y cruzar a la otra orilla por un vado transparente, rumoroso y añil. Sería el acto ejemplar e idílico de la ruralidad, además de una acción de criollísima prudencia y sensualidad. El agua que lame el tobillo es la mansedumbre magnificada, dada la horrorosa longitud del lamedor y sus aletargadas potencias. Uno logra, el hombre logra domesticar muchas alimañas, pequeñas o grandes, lineales o redondas, alejadas o próximas, pero que el perrito faldero y azul venga, agachado de ojo, suavemente áspero de lengua, sin ofensas ni colmillos, a besar la piel de tus extremidades inferiores, es de una voluptuosidad demente. Es como poner los fundamentos de la razón en función de los vellos de tus piernas que, mellizas o rollizas, iguales o ligeramente asimétricas, son bien distintas y duplican la acción y el placer.
Al río de Heráclito el cambiante, los filósofos echaron millones de metros cúbicos de razonamientos. Resulta que a ellos inicialmente les pareció estático, inmutable, quieto, como a veces le parece al testigo conmigo. Pero el río inesperadamente insosegado siempre había sido insosegado, porque la ansiedad del agua no iba a aguardar por los descubridores. Lo que siempre fue, un día sorprendió a la boca inexperta del filósofo. (more…)

