Poemas de la Sangre Cotidiana/Félix Guerra El Tintero Colectivo

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PARA LEER DEBAJO DE UN SICOMORO 13 ra parte

Febrero 1st, 2009 · No Comments

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Diálogo de una década con José Lezama Lima 

Por Félix Guerra 

13

UNA VENTANA POR ABRIR

 Usted habló de catedrales en el futuro. ¿Puede ampliar el concepto?

                  ¿Es más asombroso el titánico acoplamiento de los elefantes que el abrazo amoroso de las lagartijas?  Con igual tijera erótica fueron silueteados los coitos del jubo y la anaconda.  Los seres orgásmicos solo inauguran lo mismo: historia.  La historia eyaculada o escrita de nosotros se erigió con un pie encima, foráneo y férreo, y entre ajenos y alternados bisbiseos y estornudos. Otros comenzaron por nosotros en los lugares que iban a ser nuestros.  Nosotros adoptábamos en nombre de lo que  íbamos siendo, tanto los vicios como las virtudes de los que no pudieron dejar de ser los aquellos. Similar a lo inaudito: que de la manga el mago se saque otra manga, o que la garra invada el pecho vecino para dejar a la fuerza el regalo de una gran calabaza. Arrasadores por ambición y excluyentes por vía de los escrúpulos, fueron reducidos por el tiempo a la condición de semilla espermática. Lo que aquí constituía virtud allá era vicio, el vicio de aquí alabada virtud allá. No hay simetrías perfectas ni entre los círculos ni en los gemifloros.  La ilusión de la perfección le viene pisando los talones a la utopía desde el comienzo bíblico de los mazapanes.

                     Los que arribaron a estas ínsulas, penínsulas y territorios continentales, de no haber llegado se hubieran quedado obrando en la propia santidad, sin el resolutivo poder de reimaginar, solo imaginando por otro tiempo el repetitivo líquido  feudal y el  fausto renacentista.  El estallido de imágenes universalizadas fluctuó alrededor del choque, con las consecuentes ondas expansivas en distintas latitudes. Pero en semejante colisión, ¿quiénes forzosamente aportaron el mayor caudal de sangre, más escapatorias, naufragios, nostalgias, quiénes el virgo para que los desvirgaran, quiénes la mano para que la cortaran? ¿Quién imaginó más imágenes entre las muchas imaginadas y dejó ahí resollando sus potencialidades cósmicas? ¿Qué y cómo colocó cada cual en sus  altares?  Hablemos de dioses derruidos y suplantados, de ceniza fertilizada en el baile de las oraciones, de perniles de cultura cortados para zanjar el hambre de un solo almuerzo, del espejito repartido para que más tarde la víctima admirara sus propias cicatrices. Me tapan la boca para que no se oiga el grito, pero el grito sigue adentro.  El conquistador actuaba en minoría, y eso era su gran desventaja para apreciar la curvatura de los espejos y el claroscuro móvil de las vitrinas, atesoraba mirando a su puerto de origen, y eso era un estorbo enorme para volar raudo sobre la orquesta y el festín de los instrumentos.  El conquistado resultaba una  multitud inmolando la posibilidad inagotable de su propio polvo y  por lo general una mayoría obligada a resistir con boca de rana y a temblar con pata de cocodrilo. Aquel metía monedas a su bolsa, el nosotros reptaba por los farallones. Y fuimos nosotros, los aquellos nosotros, los mutilados, los aglomerados en bulto bajo los aguaceros y donando enseguida todo ese sudor al cielo, quienes fulgiamos como las catedrales en el futuro del Viejo Mundo. Con los asaltos a mano armada en los callejones de América, se costeó una buena parte del postín europeo y su reiterado protagonismo.

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